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Temores infantiles: inevitables y necesarios (1ª parte)

Puede ser a las caras de los extraños, a los monstruos que imagina, de noche, debajo de la cama o tras el armario o simplemente a la oscuridad de su cuarto. Los temores infantiles, aunque nos parezcan injustificados, cumplen una importante función: les ayudan a madurar y les enseñan a ser precavidas/os.

Si vuestra hija/o comienza a experimentar temores infantiles consoladla/e, y consolaos vosotros pensando que, aunque sus miedos no son plato de gusto, ni para ella/él ni para vosotros, son naturales e incluso necesario para su maduración.

Y es que, al final, ante los temores infantiles, como en la mayoría de los problemas de la vida, lo mejor es aplicar el sentido común. Por ejemplo, enfrentadle a su miedo poco a poco. Si le asusta el pediatra, leedle cuentos sobre médicos y regaladle un maletín de juguete antes de llevarle a la consulta. Si es la aspiradora, invitadle a manejarla, pero no le obliguéis. Y si la clase de natación es un drama, dejadla para más adelante.

Evitar situaciones críticas

Si visitáis a unos amigos que tienen perro, pedidles que lo aten. Cuidad también lo que ve en la tele: muchas imágenes dan pie a pesadillas. Y es importante que controléis tu actitud. Si le sonreís y no os alteráis, le estaréis transmitiendo confianza. Por el contrario alarmas, enojos o dramas (por ejemplo, en las despedidas), sólo van a conseguir que se reafirme en su temor.

Ya sabéis que la mayoría de los temores infantiles son normales a cierta edad y deben ser tratados como tales. No obstante, hay que prestar una atención especial a los que aparecen a partir de un hecho traumático, como la muerte de un ser querido, un accidente, un ingreso hospitalario, etc. En estos casos puede ser conveniente buscar ayuda profesional.

Continuando con nuestro análisis por edades, vamos con los 3 y 4 años. En esta etapa las niñas y los niños aprenden mucho, pero no logran asimilarlo todo, y como no tienen una noción clara de las proporciones, creen que si el agua de la bañera se va por el desagüe, a ellos les pasará algo similar. Además, todavía no distinguen entre la fantasía y la realidad, y les parece real lo que sueñan. Por eso en esta fase son muy comunes los miedos nocturnos.

Temores infantiles variados

El miedo a los monstruos aparece hacia el tercer cumpleaños. La niña, el niño… están aprendiendo a distinguir el bien y el mal y estos personajes representan lo peor. Otros temores habituales son a los payasos, a los Reyes Magos…  Si el pequeño tiene miedo al desagüe o al secador, evita en la medida de lo posible exponerle a ellos y cuando no tengas más remedio que hacerlo, avísale con tiempo. Si teme a las personas que van disfrazadas no le fuerces a acercarse a ellas y deja que las observe junto a ti a un cierta distancia.

Quedaos un rato a su lado si llora cuando le acostáis, y acudid rápidamente si os llama en medio de la noche, o permitid que duerma con vosotros algunos días mientras dura esta fase. Además, controlad específicamente los programas que ve en la televisión o los juegos de la ‘tablet’, ya que pueden despertar nuevos temores en los más pequeños. Y si lo que les asusta son las brujas, los fantasmas y los monstruos, dejadle hablar de ello y antes de acostarle explícale que en casa está seguro.

De 5 años en adelante su mundo se amplía, y la niña o el niño entran en una etapa llena de incógnitas: «si no voy al colegio, ¿vendrá la policía?». Y en la oscuridad, una sombra puede ser un fantasma que le está observando: todavía tiene dificultades para distinguir entre su fantasía y la realidad.
Por otro lado, a esta edad aumentan las expectativas sobre él y esto le causa inquietud. Los miedos también pueden aparecer a consecuencia de algún acontecimiento que cambie sus rutinas.

Ritmos de desarrollo

Además, como está en la fase del pensamiento mágico («lo que pienso, sucede de verdad»), cuando pasan cosas como un divorcio o una enfermedad en la familia, puede culparse a sí mismo. También teme al dolor y la sangre. Y no quiere que le corten el pelo y las uñas, pues vive estos actos como agresiones contra su integridad física.

Hablad con vuestro hijo para que os cuente sus miedos y enseñadle palabras para definir sus sentimientos. También podéis animarle a pintar, ya que los dibujos son una buena forma de expresar lo que le asusta. Y no le exijáis demasiado.

Cada niño tiene su ritmo de desarrollo y si le comparáis con otros amigos, temerá decepcionarte. Si siente temor ante la sangre, ponle una tirita cuando se haga cualquier rasguño. Así entenderá que su cuerpo vuelve a estar entero (según él). Y, si se hace una herida que sangra más, intenta no demostrar que estás asustada y cúrale tranquilamente.

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