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Piojos: ¿algo más que picores y molestias?

Hasta la fecha, relacionábamos los piojos con picores, molestias e incluso algo de absurdo sonrojo al reconocer su presencia en las cabezas de pequeños, y no digamos mayores. Pero el Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR) acaba de iniciar una investigación pionera para averiguar si alojan enfermedades, y en busca de un gen que explique la creciente resistencia de estos parásitos.


Molestos, vergonzantes, causantes de picores y… tal vez más peligrosos de lo que sospechábamos, comienza un artículo del diario La Rioja, que por su interés reproducimos parcialmente. El Laboratorio de Patógenos Especiales del CIBIR acaba de iniciar un trabajo de investigación pionero sobre los piojos, compañeros habituales del hombre desde el principio de los tiempos.

 

Pero pese a ser, al menos, tan antiguos como la humanidad, continúa el artículo de ‘La Rioja’, apenas existen estudios en el mundo sobre estos parásitos, excepto los trabajos realizados por el prestigioso Centro de Rickettsiosis de Marsella.

«Aunque en las sociedades avanzadas ha dejado de ser un problema de salud pública, nosotros estamos muy interesados en estudiarlo porque es raro el niño que no está parasitado por piojos de la cabeza, al haberse hecho resistentes a la mayoría de compuestos químicos que se venden y porque el piojo corporal y el de la cabeza comparten un ancestro común. Como diferenciar los tipos solo por la morfología es muy complicado, vamos a hacer una clasificación genética de los piojos que están circulando por tratar de averiguar si algunos son piojos corporales adaptados», resume José Antonio Oteo Revuelta, director del Laboratorio de Patógenos Especiales del CIBIR y jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de Rioja Salud.

Picores… y tal vez algo más

En concreto, la investigación tendrá una doble vía: por una parte, se realizará un estudio genético de los piojos de la cabeza para realizar una clasificación de los mismos y ver si existe algún tipo de agrupación y si expresan algún gen que confiera resistencia a los antiparasitarios que se utilizan para su tratamiento, y por otra, se acometerá un estudio de los microorganismos que portan los piojos de la cabeza mediante técnicas de biología molecular para averiguar si estos parásitos son reservorios de enfermedades.

«Nuestro departamento lleva muchos años investigando las enfermedades transmitidas por artrópodos vectores, no solo garrapatas, sino también pulgas y trombicúlidos, pero a lo largo de la historia los piojos han provocado más muertes que todas las guerras juntas y siguen siendo problemáticos algunos de sus tipos en zonas pobres del mundo y en campos de refugiados. De hecho, en algunos campamentos de Italia y de otros países de Europa se han comunicado ya casos de fiebre recurrente transmitida por estos parásitos a huidos de la guerra de Siria y también se han diagnosticado casos de infección por Bartonella quintana en personas sin techo y con déficit de higiene. Por lo tanto, sí, es un problema de salud pública», resalta el doctor Oteo.

Tras recordar que el piojo fue un gran problema hasta la primera parte del siglo XX y uno de los grandes dramas durante la Revolución Rusa -«Lenin llegó a decir: ‘O, el socialismo vence al piojo, o el piojo acabará con el socialismo’ porque murieron millones de personas», recuerda el especialista-, el doctor Oteo aclara que existen varios tipos de esta familia de parásitos: los de la cabeza, los corporales y los del pubis, las conocidas como ladillas.

Dos ejes de estudio

«Los piojos que tienen gran trascendencia en salud pública y que, insisto, han sido causantes de millones de muertes, son los piojos corporales, que transmiten Rickettsia prowazekii (tifus epidémico) que posiblemente fue la causante de una de las grandes plagas de la antigüedad y de millones de muertos en las grandes contiendas bélicas, campos de refugiados y en épocas de hambruna; la fiebre de las trincheras (Bartonella quintana) y la fiebre recurrente epidémica (Borrelia recurrentis)», explica el director del Laboratorio de Patógenos Especiales, quien, sin embargo, añade que «se están encontrando en piojos de la cabeza en otras zonas del mundo los mismo agentes que trasmite el corporal.

Por eso, aunque el piojo de la cabeza es mal vector de enfermedades, podría ser reservorio de algunas de éstas, lo que explicaría porque de forma excepcional encontramos microorganismos que transmite el piojo del cuerpo en personas que no han tenido piojos corporales».

Por ello, uno de los ejes del estudio se destinará a averiguar si los piojos de cabeza son reservorios de enfermedades o, incluso, si en un momento dado pueden ser vehículo o fuente para la transmisión de éstas.

La otra línea de investigación no es menos importante, ya que como avanza el experto, «consiste en ver qué tipos genéticos tenemos de piojos de la cabeza para ver si podemos explicar por qué se están volviendo resistentes, aparte de por la exposición continua a los agentes químicos que se suelen utilizar».

Para leer el artículo completo pinchar aquí.

 

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