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3-4 años: malcriados a nuestro pesar (2ª parte)

Tener unos límites no significa estar diciendo “no” a cada petición del niño. Es incluso beneficioso romper alguna norma de vez en cuando. “Desconsentir” es posible, aunque no de la noche a la mañana. Y no desesperéis: de seis meses a un año, e incluso antes, el malcriado comienza a comportarse mejor.

He aquí algunas recomendaciones para cambiar la conducta de un niño malcriado:

  • Debemos cambiar nuestra forma de actuar si esperamos que cambie la del niño, pues es el resultado de la ausencia de límites que le hemos impuesto; y ser pacientes con él y con nosotros mismos: ambos estamos rompiendo viejos hábitos y, como adultos, sabemos lo difícil que puede ser.
  • Hay que estar seguros el uno del otro antes de imponer normas al niño. Una madre que dice a su hijo “escucha y haz caso a tu padre”, lo último que desea escuchar es “¿por qué le regañas? No hacía nada malo”.
  • Es importante acentuar lo positivo. A muchos niños no les seducirá la idea de cambiar poder por obediencia. En lugar de decirle “estas son nuestras nuevas reglas”, podemos explicarle “esto es lo que esperamos de ti” o “esto es lo que vamos a hacer en esta familia”.
  • No podemos tratar de cambiar todos sus malos hábitos al mismo tiempo. Hay que establecer prioridades o conseguiremos abrumarle.
  • Hay que explicar al niño que las nuevas normas están pensadas para ayudarle: “es mejor que te vayas a la cama ahora porque así dormirás más y te sentirás mejor mañana”.

Malcriado por nosotros

Un niño con el que nunca se ha sido muy estricto a la hora de irse a la cama aún se enfurruñará, pero irá comprendiendo que se le imponen las cosas por cariño no por que sea malo. Es culpa de quien le ríe la gracia Hay padres que dicen “es que ya lo hemos probado todo”.

Es lógico, porque hay que seguir siempre la misma línea. Si nos comportamos de forma diferente cada vez el niño no sabe a qué atenerse. Si dice un taco y le reímos la gracia, al día siguiente lo repetirá delante de una visita, porque hemos “reforzado” su actitud. Y cuando se le reprenda no comprenderá bien el motivo.

Negocios de familia

¿Negociar con él? Sí, pero ha de ser el adulto y no el niño quien ponga las condiciones. Si nuestro hijo nos pide que le leamos un cuento podemos proponerle que lo haremos en cuanto se haya lavado los dientes y esté metido en la cama; o si quiere ir al parque al día siguiente, decirle que sí, siempre que haya recogido todos los juguetes de su cuarto. Le estaremos enseñando no sólo que hay unas normas, sino que estas no son totalmente rígidas.

Y prueba a rendirte de vez en cuando. Si te sientes bien contándole un segundo cuento, todo va bien; si crees que debes hacerlo para evitar el “numerito” que puede organizar o si te enfada rendirte, es hora de establecer unas normas y hacerlas cumplir.

(Para leer la primera parte pulsa aquí).

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