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7-10 años: enseñarles a colaborar en casa (2 de 2)

La semana pasada analizábamos la conveniencia de que los preadolescentes ayuden en casa. La familia que realiza una tarea junta, ya se trate de pintar las paredes o de preparar un postre, forma un conjunto que persigue un interés común. Los niños de 7 a 10 años suelen colaborar con gran entusiasmo en estas tareas, ya que les hace sentirse parte del grupo.


Es la reconfortante sensación del “nosotros”. Ahora bien, ¿cuándo tenemos ocasión de enseñarles a nuestros hijos todas estas cosas tan prácticas? Un escolar que por la mañana sale disparado hacia el colegio, pocas veces estará en condiciones de dejar su cama hecha. Y por la tarde, el tiempo no suele alcanzar para mucho más que para poner la mesa o realizar algún pequeño recado. No importa. No es cuestión de abrumarlos con tantas tareas que no les queda tiempo para jugar. Durante la semana escolar basta con que traten de evitar que algunos trabajos se produzcan.

Pequeños detalles en casa

Cualquier niño entre 7 a 10 años puede volver a cerrar los cajones que abre, llevar sus prendas sucias al cesto de la ropa, colocar su taza usada en el fregadero o barrer el serrín de sus trabajos manuales. Todos los padres saben que estos pequeños gestos cotidianos, una vez convertidos en costumbre familiar (en la que, por supuesto, ha de participar el padre) ahorran un montón de trabajo.

Una de las necesidades más profundas de cualquier niño es la sensación de pertenencia. Necesita formar parte de algo más grande que él, de algo sólido e inquebrantable, es decir, de un grupo de gente que sienta como “los suyos”. Esta sensación de pertenencia sólo la transfiere la familia que hace cosas juntas en casa. Para ello, se prestan especialmente los fines de semana.

Motivarles

Nada mejor para motivar a los chicos a ayudar en el hogar que la perspectiva de una alegría conjunta. «Si entre todos arreglamos la casa, a las 12 estaremos listos para salir de excursión». O bien: «Podría ayudaros en recoger vuestro cuarto, pero entonces no me quedará tiempo para hacer esa tarta que quería preparar».

«¿Qué os parece mejor? ¿Cómo nos repartiremos el trabajo en casa?» Entre todos, se realizan las tareas menos agradables para obtener tiempo para las alegrías comunes. “Soy estupendo” A los 7 u 8 años, la colaboración será todavía esporádica: la madre o el padre piden al niño que les ayude en determinada tarea, explicándole cómo se realiza. Por ejemplo, batir los huevos para la tortilla, doblar la ropa y guardarla en el armario, lustrar los zapatos, y otras tareas similares.

A los 10 años, en cambio, ya pueden hacerse responsables de algunas pequeñas obligaciones fijas, que se repitan cada día o en intervalos regulares: regar las plantas, bajar la basura, vaciar el lavavajillas, poner o quitar la mesa… Siendo el responsable de una labor completa (y no sólo un ayudante o un pinche), el niño puede demostrar a los demás: mirad, eso lo he hecho yo, de eso soy capaz y me enorgullezco de ello.

Autoestima

Esta vivencias de éxito son sumamente necesarias para la adquisición de una sana autoestima. Por ello, los padres deberían estar atentos para que su hijo realice las tareas adecuadas para que esta sensación de éxito se pueda producir, es decir, que el trabajo sea de su gusto (dejándole elegir entre varias opciones) y que no le parezca ni demasiado pesado ni demasiado fácil. Y por supuesto, nunca debe faltar nuestra expresión de aliento y aprobación.

Y recordad que no existen tareas masculinas y femeninas. Afortunadamente, los tiempos en que se les educaba a las niñas para servir a los miembros masculinos de la familia, han pasado a la historia. Y también es una suerte que ya no se les llame despectivamente “cocinillas” a los chicos que ayudan en la cocina. Hoy, todos deben saber de todo. Sin embargo, siguen existiendo las diferencias individuales, y esas, los padres los deberíamos tener un poco en cuenta.

Si uno de nuestros hijos, sea chica o chico, odia pasar la aspiradora, pues que cambie esta tarea por otra. No se trata de producir perfectos amos/as de casa, sino de colaborar solidariamente para vivir mejor en un hogar que es de todos.

(Puedes leer la primera parte pinchando aquí).

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